jueves, agosto 09, 2012

Pablo Gómez, testigo directo de la tragédia del 62 "En Égara entrábamos casa por casa para comprobar si había supervivientes"

 

Los barrios que estaban cerca de la riera, y que habían crecido en la década de los cincuenta e inicios de los sesenta sin ningún tipo de planificación urbanística, fueron de losmás afectados por las inundaciones. Como sucedía con Ègara o Ca n’Anglada, la zona de Les Arenes recibió a centenares de personas –sobre todo, procedentes del sur de España–, que llegaron a Terrassa en busca de trabajo. Eran partes de la ciudad donde las condiciones de vida resultaban precarias, y en que las casas (a menudo, autoconstruidas) se alzaban incluso en terrenos inundables. Así lo explica Pablo Gómez, un histórico líder vecinal de Les Arenes, que la misma noche de la tragedia visitó el área devastada de Ègara para ayudar a las víctimas.

Pablo Gómez


¿Dónde se encontraba en el momento en que se produjo la riada?
Yo trabajaba por la noche como panadero en el barrio del siglo XX. Con los compañeros vimos que llovía bastante, pero nunca en la vida nos podíamos imaginar que iba a suceder una catástrofe como la que estaba a punto de ocurrir. Recuerdo que hacia las nueve nos quedamos sin luz, y que enseguida llegó un vecino de la zona para alertarnos de que la riera de Les Arenes se había desbordado.

¿Qué hicieron entonces?
De inmediato nos fuimos hacia allí. En el barrio estaba mi mujer, María, con la queme había casado un año antes. Nuestra primera hija, Pilar, había nacido hacía apenas seis meses. Los tres vivíamos en una casa que yo mismo había construido en un terreno que se encontraba a unos 50 metros de la riera, y que mi madre había comprado poco después de llegar a Terrassa desde Ciudad Real. Mi preocupación era saber cómo estaba mi familia.

¿Cuándo se dio cuenta de que, por suerte, se encontraban todos bien?

Tardé un buen rato, la verdad, porque la ciudad estaba sumida en el caos.Yo iba con un grupo de hombres, y me acuerdo que, de camino a Les Arenes, veíamos muchas ambulancias que iban y venían. Tenía ganas de llegar a casa, pero enseguida nos dijeron que era imposible entrar al barrio por nuestro acceso habitual, ya que el agua se había llevado por delante el puente del ferrocarril de la Renfe.

¿Qué alternativa escogieron entonces?
Pronto buscamos otra solución. No nos tocó más remedio que dar una gran vuelta a través de unos campos, y entonces ya vi una luz en mi domicilio. Me quedé más tranquilo, puesto que supuse que todos estaban bien, aunque al llegar comprobé que se encontraban muy asustados. Mi madre, que no vivía con nosotros, también había venido a casa para no estar sola, porque tenía miedo.Y cuando me vieron les dio una gran alegría, dado que no sabían nada de mí. Estábamos todos juntos, al fin y al cabo.

¿Se imaginaba que las inundaciones habían tenido unas consecuencias tan dramáticas para Terrassa?

Me di cuenta cuando hacia la una de la madrugada cruzamos la riera como pudimos, por medio de unas cuerdas. De hecho, en Les Arenes tuvimos la suerte de que había una gran roca entre las actuales calles del Canigó y la Bisbal que hizo de muro, e impidió que el agua que llegaba desde los grupos de San Lorenzo alcanzara la zona baja de Les Arenes. El problema de verdad estaba al otro lado de la riera, en parte de Ègara [ entonces conocido como “barrio del hockey”], que la corriente había devastado.

imagen de después de la riada del 62

¿Qué panorama se encontraron allí?
En las actuales calles de Jerez, Sevilla, Almería o Tapiolas, la gente se había subido a los tejados por el miedo a que la riada se llevara las viviendas, y enseguida vimos que había numerosas víctimas mortales. Entre medio, muchos vecinos, desesperados, buscaban a sus familiares. Entonces, junto a unos cuantos hombres, decidimos entrar casa por casa para comprobar si había supervivientes. Muchos cuerpos sin vida yacían en las aceras. Varias personas los habían colocado allí a la espera de que llegara algún vehículos que recogiera los cadáveres.

¿En qué pensaba en esos momentos?
Solo tenía en la cabeza ayudar tanto como fuera posible. El problema de fondo era que, en la época, había una gran especulación asociada a la compra de terrenos. Era un hecho conocido que el Ayuntamiento de signo franquista permitía. Además, muchos de los nuevos egarenses que habían llegado a la ciudad en los años anteriores a 1962 habían construido casas, con sus propias manos, en el mismo lecho de la riera, y de ahí las consecuencias que tuvieron las inundaciones. Todo sumado a que hablamos de un régimen que solo pensaba en tener mano de obra para las fábricas. Dónde y en qué condiciones vivieran los obreros era secundario.
  
¿Cómo reaccionó Les Arenes ante la situación que se produjo?
Creo que respondió con mucha solidaridad, y también con la sensación de que los vecinos no podíamos esperar a que sucediera una nueva desgracia. Debido al miedo que pasamos la noche del 25 de septiembre, al cabo de dos días convocamos una reunión en la que participamos tanto las familias que vivíamos en el barrio de arriba, como en el de abajo, que eran las dos zonas en que se dividía Les Arenes entonces. Y acordamos que nos pondríamos a construir unmuro para evitar que, si se producía otra riada, tuviéramos problemas.

 ¿Cuántas personas trabajaron en dar forma a la estructura?
Todo el barrio. Los hombres salíamos a buscar piedras con las que poder levantar la obra, y así fue como los vecinos de Les Arenes edificamos un muro que tenía 150 metros de longitud por cuatro de fondo, con la idea de frenar cualquier futura inundación. Al final, el Ayuntamiento incluso se
avino a pagarnos el cemento necesario para terminar nuestra pared.

¿Es visible el muro en la actualidad?
No, porque ha habido muchos cambios en la zona, pero ahí debajo continúa. La obra pasaba por la actual calle de La Bisbal y la del Canigó hasta llegar a la del Puigmal. Comola experiencia de llevar a cabo un trabajo en común había sido tan positiva, nos preguntamos, ¿y por qué no nos asociamos todos los vecinos más a menudo para llevar a cabo nuevos proyectos? Era el momento. El barrio necesitaba grandes mejoras.

¿Qué otros objetivos persiguieron a partir de entonces?
Les Arenes carecía de servicios básicos, como alumbrado público o agua potable, y las calles, por ejemplo, no estaban asfaltadas. A raíz del trabajo conjunto de los vecinos conseguimos suplir, poco a poco, muchas deficiencias. Nosotros mismos colocamos las primeras luces en las calles, y además acordamos entre todos que no compraríamos terrenos a promotores inmobiliarios que no se hicieran cargo de urbanizar la zona. También logramos tener un sistema de alcantarillado, ya en los años setenta. La riada sirvió como un revulsivo para alcanzar estos objetivos. Además, en aquel entonces, los problemas eran colectivos, de manera que todo el mundo se implicaba en buscar soluciones. Han pasado 50 años desde que se produjo la catástrofe.

¿Se acuerda a menudo de la experiencia que vivió aquel ya lejano 25 de septiembre del 62?
La verdad es que sí, y más de una vez me vienen recuerdos a la cabeza. Por ejemplo, el de un hombre que la misma noche de la riada se situó con su moto justo enmedio de los raíles, haciendo luces, para avisar al tren que venía de que parara, puesto que ya no quedaba más vía porque el agua se había llevado el puente del ferrocarril de la Renfe.Tambiénmeacuerdo con frecuencia de ciertas imágenes dantescas que nos encontramos al entrar casa por casa en el barrio de Ègara. Hay determinados momentos que es mejor olvidar. Es cierto que a nivel personal no perdí a nadie aquella noche. Pero pienso en quien no se pudo salvar. Y es un recuerdo duro.

Emili González 


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